Las peleas entre hermanos, el eterno reto de la maternidad

¿Quién no se ha peleado con su hermano alguna vez?, o a diario!

¿A qué madre no le quita el sueño que sus hijos se peleen?

Lo habéis probado todo y no hay manera. Se pelean a diario, en la mesa, en la ducha… ¡Ya no sabes qué más hacer!

Las peleas entre tus hijos te hacen perder la paciencia y al final acabas irritada y peleada tú con los dos, cuando ellos al cabo de cinco minutos están jugando como si nada, y ¡tú con el corazón a mil!

Si es habitual que tus hijos se peleen, y sin darte cuenta tomas a menudo partido entre ellos, te habrás dado cuenta de que tu relación o tu vínculo con cada uno de tus hijos se resiente.

Hoy os quiero aportar una serie de herramientas específicas que os ayudarán a gestionar, solucionar y prevenir las peleas entre hermanos.

 

  1. Las peleas entre hermanos son normales e inevitables.

Pensemos que la convivencia familiar es un entreno, un entreno para la vida. Es durante la infancia, en el contexto familiar que se adquieren los valores más importantes y que tendrán más significancia para la posterior vida adulta.

Entre otras situaciones, pelear con un hermano es una forma de aprender a comunicar y a negociar.

A través de las discusiones comparten y ceden, exponen puntos de vista y analizan cómo reacciona su interlocutor.

Por mucho que parezca que no hay más que gritos y refriegas, recuerda que las peleas también tienen un importante componente de aprendizaje.

La manera cómo nosotras acompañemos y trabajemos estos conflictos determinará qué tipo de aprendizaje se genera.

 

  1. No resuelvas sus problemas

No se trata de dejarles pegarse sin más. Es importante que controlemos que no se rebasen límites, a nivel verbal o físico. No se pueden tolerar abusos en el ámbito doméstico.

Pero, no debemos solucionar la disputa. Si lo hacemos, les enviamos sin querer el mensaje de que no son capaces de hacerlo por sí mismos, y a partir de ahí SIEMPRE tendremos que estar ahí para mediar.

Y eso no es lo que queremos. Más que nada, porque no vamos a estar siempre ahí cuando nuestros hijos o hijas tengan un conflicto (en su vida, en general).

Tienen que entrenar desde bien pequeños en ser capaces de solucionar sus dificultades, sus conflictos. Sólo así serán unos adultos y adultas resueltas y eficientes.

No queremos vernos implicadas en cada pelea, en cada discusión, en cada desencuentro entre nuestros hijos, porque es agotador, frustrante y desgasta el vínculo.

Además, seguro que estás de acuerdo en que la mayoría de veces ni tenemos toda la información sobre lo que ha pasado, ni somos capaces de actuar racional y fríamente, con lo que acabamos siendo injustas y sintiéndonos fatal. Reformulemos la situación; cambiemos el chip. Dejemos que hagan ellos y ellas, démosles recursos, pero sin solucionar sus inconvenientes.

 

  1. No tomes partido

Piénsalo bien, lo importante no es saber quién empezó, quién tiene la culpa, quién pegó más fuerte, lo importante es que sean capaces de solucionar a situación. Dejemos de tratar siempre de buscar culpables.

Sin darnos cuenta, muchas veces nos resulta obvio quién es el culpable y quién la víctima, pero no podemos nunca encasillar. Deja que sean ellos los que tomen las decisiones, y que sea siempre una vez haya pasado el momento álgido de conflicto.

 

  1. Recuerda ‘Las tres S’

En Disciplina Positiva utilizamos un recurso muy poderoso para gestionar las peleas entre niños de corta edad. Jane Nelsen lo llama ‘Las tres S’: salir, soportar y sacarlos.

‘Salir’ consiste en acercarte al espacio donde se está produciendo el choque, asegurarte de que te han visto y marcharte sin decir nada. Desaprobamos lo que está pasando, pero no intervenimos, quitamos la atención del conflicto.

Si la cosa se pone muy tensa, optaremos por ‘soportar’. Miraremos y escucharemos, pero sin intervenir. Sin intervenir quiere decir “hacer nada de nada”.

Si la intensidad no disminuye, deberemos ‘sacarlos’. Tomar a cada uno de un brazo y llevarlos lejos de donde estéis, sin expresar enfado ni rabia. «Si queréis seguir peleando, hacedlo fuera», puedes decir.

Actúa con firmeza y observa el resultado.

 

  1. Escuchar sin juzgar

Cuando se inicia una pelea entre nuestros hijos o hijas, nos agobiamos, nos estresamos, queremos que se solucione lo antes posible.

No soportamos ver a nuestros hijos discutir. Esa prisa nos llevará a errar. Acabaremos levantando la voz, defendiendo al más débil o culpando al mayor por defecto.

Estas actuaciones, lejos de ayudar, alimentan la tensión y el resentimiento entre ellos, y lo peor, nos distancian también a nosotras de ellos.

Lo primero que tenemos que hacer es tratar de que se relajen, cambiando el escenario, dando un paseo, leyendo un cuento… En el momento del conflicto no se puede hablar ni arreglar nada.

A continuación, escúchales desde la calma, por separado si es necesario. Orienta la comunicación hacia la búsqueda de soluciones separando su discurso de la rabia o la ira.

Háblales de que a veces se puede pensar y querer cosas diferentes respecto al otro, dales herramientas de conversación asertiva, que les ayude a llegar a acuerdos.

 

  1. Recursos para prevenir las peleas entre hermanos

Evita las comparaciones, aunque te parezcan inocentes. Siempre acaban confrontando a los niños y llevándolos a rivalizar.

Buscar actividades que podamos hacer en familia, en las que la cooperación tenga más presencia que la competitividad.

Los ratos especiales con cada hijo y las reuniones familiares también contribuyen a prevenir conflictos.

Lo más importante es darte cuenta de cuándo aparecen las peleas. Date cuenta de que suele haber patrones, conocerlos es la mejor manera de prevenirlos, de anticiparnos.

Súper importante, todas estas herramientas requieren de mucha paciencia, y de tener claro que a la primera no encontraremos los resultados más óptimos, pero que cada error es una oportunidad de aprendizaje y un acercamiento a la actitud que deseamos observar en nuestros hijos.

Hay herramientas con un efecto más inmediato, como los premios o los castigos, pero aquí tratamos de enseñar habilidades útiles para la vida, habilidades de gestión de conflictos, la empatía o la comunicación asertiva. Castigando y premiando liquidamos conductas a corto plazo, de forma inmediata, pero con repercusiones negativa a medio y largo plazo.

 

¿Qué podemos hacer ante una pelea entre hermanos?

No interferir o separar sin juzgar.

Entrenarlos en la resolución de desacuerdos.

Enseñar acerca de la equidad y el valor y precio de decisiones.

Dejarlos encontrar soluciones.

Recurrir a orientación o asesoramiento para madres.

 

¿Qué nos ayudará a prevenir peleas?:

No comparar.

No discriminar, no mostrar preferencia.

No acelerarlos creando competencia.

Señalar lo positivo.

Darles tareas que requieran cooperación.

Jugar juegos que requieren cooperación.

Pero sobre todo:

Dar el ejemplo personal a través de nuestras relaciones con los demás y con nuestro entorno.

 

Comparte:

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otros artículos

¿Qué son las reuniones familiares?

  LAS REUNIONES FAMILIARES     Hoy quiero hablaros de un excelente recurso que en estos tiempos de pandemia y confinamientos recurrentes está siendo muy

Hablemos sobre sororidad

  HABLEMOS SOBRE SORORIDAD     Me pasó el otro día que quedé para comer con unas amigas en mi casa, y tras un buen

Colecho

  ¿Qué es el colecho? Pues viene siendo compartir lecho. Compartir la cama en que dormimos. No se refiere a dormir en la misma habitación,