¿Qué es el colecho?

Pues viene siendo compartir lecho. Compartir la cama en que dormimos. No se refiere a dormir en la misma habitación, ni en el sofá. Puede referirse a una práctica puntual o consistente.

 

 

¿Desde cuando se practica el colecho?

Pues desde siempre. Desde siempre, los seres humanos hemos compartido cama con nuestros padres, con nuestros hermanos, cuando vivíamos en las cavernas ya dormíamos juntos.

Porque al ser humano de por sí no le gusta nada la soledad. Seguro que hay quién leyendo esto me responde: “pues yo sola duermo divinamente”; cierto, tú has elegido dormir sola, pero cuando hablamos de soledad impuesta, entonces ya es harina de otro costal, ¿o no?.

 

Pues bien, cuando nacen nuestras crías les ayudamos a comer, les ayudamos a vestirse, a desvestirse, les ayudamos a caminar, les damos la manita para subir y bajar escaleras hasta bien bien los dos añitos…. Pero lo de dormir… Los bebés también necesitan apoyo y compañía mientras descansan. Esto les da seguridad y confianza, lo cual les permite dormir mejor.

 

No esperemos que todo fluya, no esperemos que les pongamos a dormir y duerman… No esperemos que caigan rendidos en la cuna… Bueno, quizás sí que caen rendidos en la cuna, pero eso no quiere decir que se duerman, ni que aguanten sin gritar ni 3 segundos. Así es amigas; nuestras crías no nacen preparadas para dormir solitas y tranquilas.

Una vez tengamos esto aceptado, el proceso será más fácil.

 

La primerísima ventaja del colecho es que facilita el descanso familiar, tanto el de la madre como el del bebé (y el de resto de integrantes de la familia de rebote).

 

Mientras tenemos a nuestro bebé en la cama con nosotras, pasan varias cosas súper buenas y destacables:

 

  • El bebé se despierta menos, o menos intensamente, al tenernos a su lado nos huele, le damos tranquilidad y tiene la teta muy a mano (o a boca), con lo que sin despejarse mucho se engancha a la teta y se queda dormido de nuevo al poco rato.
  • La mayoría de veces que el bebé se despierta pidiendo contacto o teta, le facilitamos lo necesario sin apenas despertarnos, con lo que la sensación de descanso no tiene nada que ver a cuando tienes que levantarte cogerle en brazos y amamantarlo.
  • Además, la oxitocina (la hormona de la felicidad) que se segrega durante el amamantamiento favorece que durmamos mejor, nos da sueño, así que nos viene de maravilla estar en la cama.
  • Se crea un apego y un vínculo madre-bebé seguro, fiable y estable. Beneficia la comunicación y la interacción.
  • Colechando evitamos la separación muchas veces forzosa que genera angustia, tensión y malestar tanto en el bebé como en la madre.
  • El colecho en la mayoría de ocasiones alarga la lactancia, pues facilita las tomas y hace que sea mucho más cómodo.

 

¿Hablemos de familias… qué familias hacen colecho? Pues muchas más de las que nos pensamos.

 

En España hay una tendencia a tratar de esconder esta práctica. Es controvertida, genera debate. No todo el mundo está de acuerdo. Y digo yo ¿por qué tiene que estar todo el mundo de acuerdo? ¿A caso está todo el mundo de acuerdo en algo? Pues eso.

No nos avergoncemos de dormir con nuestras crías, visibilicemos el colecho.

 

 

Lo importante es que la mamá y la unidad familiar con la que va a compartir lecho lo tengan claro. Es una decisión familiar. Punto. Ahora, eso sí, hay que estar de acuerdo los dos progenitores.

 

Tengamos claro que no es mejor colechar que no, tengamos claro que la mejor decisión será la que mejor se adapte a nuestras necesidades y circunstancias concretas.

 

Tengamos claro también que decidamos lo que decidamos es probable que sea diana de “opinólogos bienintencionados”. Ahora bien, siendo nuestra decisión y siendo consensuada familiarmente, opiniones no pedidas, las justas, gracias.

 

El colecho tiene que ser algo positivo, agradable. Debemos haberlo decidido libremente y de mutuo acuerdo. Si acabamos haciendo colecho como último recurso para que se duerman, después de una pelea con nuestros hijos, de culparles por no querer dormir solos, y en contra de la voluntad de alguno de los progenitores, es probable que el resultado sea todo lo contrario al que se pretende obtener.

 

El colecho debe practicarse de manera natural y todos los que lo practican deben estar de acuerdo en que es así como quieren descansar.

Ahora bien, hay algunas cuestiones que conviene tener en cuenta:

  • Bebés prematuros o de bajo peso es mejor que no duerman entre ambos progenitores.
  • Evitemos colechar si fumamos, bebemos alcohol, tomamos algún tipo de medicación psiquiátrica o substancias que alteren nuestra conciencia.
  • Asegurémonos de que nuestro colchón es firme, nunca en el sofá ni en colchones blandos. Evitemos colchas, edredones voluminosos, cojines, etc. en la cama.
  • No colechemos si sufrimos de obesidad.

 

Bien, empezamos a colechar. Pasa el tiempo…. ¿Hasta cuando se hace colecho?

 

Cuando se inicia el colecho, en realidad resulta tan enriquecedor en general que cuesta decidir finalizar. Se puede pasar por diferentes épocas, cuando se mueven más, cuando dan calor, cuando te quitan la manta… pero el cómputo general en rasgos generales es gratificante y positivo.

 

Ahora bien, llega un momento en que nos apetece recuperar nuestra cama, nuestro espacio de descanso. Cuando esta sensación es prolongada toca ir pensando en la mejor manera de acompañar a nuestras crías a su habitación, o a su cama.

Antes de empezar a plantearnos finalizar el colecho con nuestras crías, pensemos varias cosas:

  • Ese momento evolutivo por el que pasa ahora tu hijo o hija no va a volver. Piensa en disfrutar al máximo de cada instante que se te brinde. Cuando pasen los años te encantará recordar esos momentos de complicidad, de interacción, de comunicación íntima con tu hijo o hija.
  • Ningún niño o niña quiere dormir con sus padres a los 12 o 13 años. A esa edad las madres molestamos más que otra cosa, quieren su espacio y necesitan tenerlo. Así que estate tranquila, por sí solo o sola se irá de tu cama, aunque ahora te resulte inimaginable. Respira.

 

Así, a modo de resumen. Es colecho tiene inmensos beneficios, siempre y cuando se practique de forma responsable y teniendo en cuenta los aspectos que he comentado más arriba. Será beneficioso y productivo cuando sea una decisión tomada libremente, sin coacción ni presión a ninguno de los colechantes (aquellos adultos que duermen con el bebé).

 

Tratemos de encontrar la manera de hacer este momento evolutivo tan agotador y estresante, a la vez que gratificante y feliz, lo más fácil, llevadero y agradable posible. Facilitando el proceso y adaptándolo a nosotros, a nuestras necesidades y situaciones concretas. Sea cual sea la elección que tomemos, respetuosa con todas las partes.

 

 

 

 

 

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