Hablemos sobre sororidad

 

HABLEMOS SOBRE SORORIDAD

 

 

Me pasó el otro día que quedé para comer con unas amigas en mi casa, y tras un buen rato de conversación, salió el término sororidad. 

Había un par de mis amigas que no conocían qué quería decir sororidad. Me sorprendió mucho y traté de explicarlo de la mejor manera que pude.

He dado varias vueltas al asunto, y por eso me siento hoy frente al ordenador para escribir lo que yo entiendo por sororidad; por si pudiese llegar a las manos de alguna persona que no haya oído hablar de ella y le apetezca leerme…

 

Haciendo lluvia de ideas se me ocurre: solidaridad, alianza, empatía, apoyo, acercamiento, acompañamiento entre mujeres… Así, como para empezar. Mujeres que confluyen con estas particularidades que las unen. 

 

Ahora, en 2021, a mis 42 años, yo tengo varios grupos de amigas. Tengo una gran suerte. Tengo amigas con las que quedo para comer en mi casa, o voy a restaurantes o a fiestas, o al cine, o donde nos apetece. Pero esto de tener grupos de amigas con las que hablar,  con las que compartir experiencias, alegrías o penas no siempre se ha dado entre las mujeres.

 

Si nos vamos un par de generaciones atrás, las mujeres podían ser vecinas, podían ser parientes, podían ir juntas a la iglesia y volver a casa (cada una a la suya), podían hacer alguna actividad en la que coincidían y volver a casa (cada una a la suya). Las mujeres antes no eran amigas unas de otras. Se conocían y coincidían en el mercado, en el lavadero, en la panadería. 

Antes las mujeres podían relacionarse, pero siempre desde una distancia, desde una distancia que marcaba el orden social patriarcal imperante. 

 

Seguro que se nos ocurren muchas obras de teatro o novelas en las que se relata el tipo de relación que se establecía entre las mujeres tiempos atrás, yo pienso por ejemplo en “La Casa de Bernarda Alba”.  Las mujeres criticándose unas a otras, boicoteándose y malmetiendo. Eran relaciones marcadas en muchos casos por el conflicto, derivado de la misoginia en las mujeres, compitiendo entre ellas, dejando de respetar la dignidad de unas y de otras.

 

Ahora las mujeres empezamos a ser amigas, la antesala a la sororidad. Ahora nos mostramos en público juntas, disfrutando de actividades lúdicas, ociosas, y también disfrutamos de estar juntas en privado.

 

 

Algo más arriba ha salido el término misoginia, ¿qué es? La misoginia es tener una mirada negativa y desvalorizadora contra las mujeres, odiar a las mujeres por el hecho de ser mujeres. La misoginia, tal como he comentado, no es exclusiva de los hombres, hay muchas mujeres misóginas. 

 

Actualmente, el trato público en general hacia las mujeres es descalificativo. Existen una serie de estigmas aplicados directamente a las mujeres: 

“Que somos incomprensibles, 

que nadie nos entiende, 

que hablamos marciano, 

que estamos todas locas, 

que somos unas neuróticas, 

que somos demasiado emocionales, 

que es imposible contenernos, 

que nuestras relaciones están teñidas de conflictos, 

que no hay nada peor para una mujer que otra mujer, 

…”

¿te suena? 

 

Bueno, por empezar por algún lado. Son estereotipos. Y son muchas las ocasiones que nosotras mismas tachamos a otras mujeres con este tipo de afirmaciones, no nos damos cuenta y actuamos de manera misógina. 

 

Cuánto cuesta que nos reconozcan nuestras habilidades y nuestras capacidades. 

 

La sororidad existe para erradicar la misoginia entre las mujeres

 

Lo primero, tomar conciencia de que la misoginia está ahí. Darnos cuenta. Visibilizarla. 

Piensa que fue en el Congreso de Viena que se celebró en 1993 (¡no hace ni treinta años!) cuando se habló del respeto a la dignidad de las mujeres. Se habló de que tenemos derecho a que nuestra dignidad sea respetada. 

 

Pero claro, había que añadir, no obstante, que según el patriarcado imperante sólo tenemos derecho a que nos respeten si cumplimos con unos preceptos concretos establecidos

Entonces, ¿qué pasa en realidad? 

Pues que muy pocas veces cumplimos nosotras, señoras, con esos preceptos. 

 

Somos demasiado transgresoras

¡Se nos ocurre beber alcohol!, 

¡andar solas por calles solitarias y peligrosas!,

¡vestir de formas poco adecuadas o provocativas!,

¡tener comportamientos provocadores!, 

¡no elegir nuestras compañías!

… 

 

Luego entonces, es por eso que se permite que se vulnere nuestro derecho a la dignidad. Así es, por que nos lo hemos merecido

Sororidad viene del latín “sor”: hermana. Y pone de manifiesto el anhelo de igualdad entre mujeres, como pacto entre nosotras. Porque sentimos que formamos parte de ese colectivo al que le “pasan” ciertas cosas. No hay jerarquía, estamos en el mismo plano. Mitigar la enemistad entre las mujeres, dejar de competir, de rivalizar.

 

La sororidad pasa por tener intereses comunes de acuerdo a la filosofía del feminismo.

Para que se de el fenómeno de la sororidad, es imprescindible tener conciencia de compartir: 

 

  • Necesidades comunes.
  • Carencias comunes: grado de privación.
  • Daños comunes: debidos a la condición de género. Violencia de género.

Los intereses compartidos van de la mano, en la mayoría de casos, a erradicar las situaciones en que la mujer sufre carencias o daños. Démonos cuenta de lo habitual que resulta que este tipo de situaciones sean comunes a mujeres de todo el mundo. 

 

No sólo por el hecho de ser mujeres ya vamos de la mano por la vida, apoyándonos y cuidándonos mutuamente, no. Aunque compartamos identidad de género, es necesario algo más para que se sororidad. 

 

Tenemos que ser conscientes de que por el hecho de ser mujeres compartimos necesidades, carencias y daños. El feminismo es el punto de partida, cuando nos damos cuenta de que hay una desigualdad injusta entre mujeres y hombres.

 

El hecho de compartir todo lo que te he explicado, no quiere decir que tengamos que ser amigas de todas las mujeres del mundo, o que nos tengan que caer bien, o que tengamos que ser simpáticas con todas, … no. 

 

De lo que hablamos es de que si practicamos la sororidad:

 

    1. Evitaremos juzgar nuestra apariencia física o la de las demás. No haremos alusión a ninguna característica física en comentarios.
    2. Tener siempre presente que las decisiones sobre nuestro cuerpo son solo nuestras, no hagamos juicios sobre las decisiones de otras mujeres.
    3. Respetar la forma en que las demás deciden vivir su vida sexual.
    4. No reproduciremos chismes o comentarios que puedan afectar la salud mental o la integridad de otra mujer.
    5. NUNCA justificar el acoso o la violencia hacia otras mujeres.

 

Que no nos llevemos bien con otra mujer, no congeniemos por carácter o cualquier otra situación no nos da libertad para reprocharla o despreciarla con actitudes degradantes.

 

No es fácil practicar la sororidad. Es un proceso. Primero tenemos que desaprender todo aquello que esta sociedad patriarcal nos ha inculcado, de lo que en muchos casos no somos ni conscientes. 

 

Todo aquello que hemos ido “mamando” desde bien pequeñas y que queda patente en demasiados comentarios que a menudo ni detectamos como misóginos. 

 

Cuando hablamos de una mujer aludiendo a alguna característica física, cuando sin darnos cuenta juzgamos determinados comportamientos, o ridiculizamos otros… 

 

Por suerte, cada vez somos más las sororas, y podemos visibilizar estos comentarios, que también llegamos a hacer nosotras mismas, y que nos avergüenzan cuando somos conscientes de ellos…. 

Es un proceso largo, requiere voluntad de cambio y mucha consciencia. Pero estamos preparadas. Go, go, go!!

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